Cuento
Zidane: la volea de Glasgow y el cabezazo de Berlín, el mismo hombre
Un gol imposible en Hampden Park el 15 de mayo de 2002 y una expulsión en la final del Mundial el 9 de julio de 2006. Un cuento sobre dos gestos que salen del mismo lugar.
Glasgow, miércoles 15 de mayo de 2002, a las 19.45. Hampden Park tiene 50.499 personas adentro y una luz gris de primavera escocesa que no termina de irse. Real Madrid y Bayer Leverkusen están 1-1 desde temprano: Raúl abrió a los 8 minutos, después de un lateral largo de Roberto Carlos, y Lúcio empató de cabeza enseguida. Falta nada para el descanso. Roberto Carlos, por la izquierda, tira un centro alto, más una esperanza que un pase, que empieza a caer en el borde del área.
Lo que hace Zidane en el segundo y medio que dura esa caída es lo que la gente recuerda de él cuando quiere recordarlo bien. Ajusta el cuerpo, gira sobre sí mismo y le pega de volea con la pierna izquierda, la que no usa, sin que la pelota toque el piso. Entra en el ángulo. Jörg Butt no llega a moverse. Es el minuto 45 y el gol gana la final, aunque faltan 45 minutos más y un arquero suplente, Iker Casillas, que entra a los 68 por César Sánchez lesionado y en el descuento saca tres pelotas seguidas en menos de un minuto. El Madrid se lleva su novena Copa de Europa con un gol que parece una decisión tomada sin pensar.
Zidane nació el 23 de junio de 1972 en La Castellane, un barrio del distrito 16 de Marsella. Cuatro años antes de Glasgow había ganado un Mundial en el Stade de France con dos cabezazos a Brasil, los dos de córner, uno de Petit y otro de Djorkaeff. Para mayo de 2002 era el jugador que mejor pisaba una pelota en Europa. El gol de Hampden le dio algo distinto: una imagen para quedarse.
Berlín
Cuatro años y dos meses después, domingo 9 de julio de 2006, 20 horas, Olympiastadion de Berlín, 69.000 personas. Es su último partido como futbolista; el Madrid ya lo había despedido el 7 de mayo con un 3-3 contra el Villarreal en el que marcó. Francia juega la final del Mundial contra Italia. A los 7 minutos hay penal. Zidane se para frente a Buffon y, en vez de pegarle fuerte, la pica por el medio. La pelota toca el travesaño, bota detrás de la línea y sale. Gol. Es un gesto de la misma familia que el de Glasgow: una decisión que nadie tomaría en ese momento, tomada con la calma de quien ya la tomó.
A los 19 Materazzi empata de cabeza tras un córner de Pirlo. El partido se estira al alargue. A los 104 Zidane cabecea un centro y Buffon la saca por arriba del travesaño con la punta de los dedos. Cuatro minutos después, lejos de la pelota, los dos hombres se dicen algo. Materazzi le tira de la camiseta. Zidane se da vuelta y le da un cabezazo en el pecho.
El árbitro, el argentino Horacio Elizondo, no lo vio. Tampoco sus asistentes. Elizondo para el juego, consulta por el auricular al cuarto árbitro, el español Luis Medina Cantalejo, que confirma lo que pasó, y a los 110 minutos le muestra la roja. Zidane sale caminando y se mete en el túnel. Francia pierde la tanda 5-3; Trezeguet es el único que falla, en el travesaño. Al día siguiente le dan a Zidane el Balón de Oro del torneo.
El mismo hombre
Se ha intentado mil veces separar los dos Zidane, el de la volea y el del cabezazo, como si fueran dos personas que compartieron un cuerpo. Es más fácil verlos juntos. En los dos casos hay un instante en que el resto del estadio todavía está pensando qué va a pasar y él ya lo hizo. En Glasgow el gesto es un gol imposible; en Berlín es la ruina de su propia despedida. El escritor Jean-Philippe Toussaint publicó ese mismo año un ensayo breve, La Mélancolie de Zidane, y en 2012 el artista Adel Abdessemed hizo una escultura de bronce del cabezazo.
Después vino el banco. Dirigió al Real Madrid Castilla, y el 4 de enero de 2016 le dieron el primer equipo. Ganó la Champions League de 2016, la de 2017 y la de 2018, tres seguidas, algo que ningún entrenador había hecho, y renunció el 31 de mayo de 2018. Volvió el 11 de marzo de 2019 y se fue en mayo de 2021. Después de eso rechazó todo, incluida una oferta para dirigir a Estados Unidos tras el Mundial de 2022, y esperó.
Esperaba una cosa. El 28 de julio de 2026, nueve días después de la final del Mundial que Francia no jugó, fue presentado como entrenador de la selección francesa en reemplazo de Didier Deschamps, con contrato desde el 1 de septiembre. Su primer partido fue un 1-0 en Turquía por la Liga de Naciones, gol de Mbappé con pase de Olise. El 5 de octubre de 2026, en el Stade de France, Francia iba perdiendo contra Bélgica hasta cerca del final y le ganó 4-1 con cuatro goles en unos catorce minutos. Quedó primera del grupo A1. Zidane tenía 54 años.


